13.4.13

Un regalo atesorable

Hace algunos días fui a hablar de ilustración a una escuela rural en la cordillera. Como escenario la inmensa montaña donde se asomaba un no tan lejano glaciar y donde los álamos ya amarillos nos indicaban el camino que nos llevaría a la pequeña escuela de madera. Los niños nos esperaban con gran entusiasmo, con oído atento, preguntas y con sus colaciones de regalo. Al final de la jornada se acercó Raquel, una ávida lectora de 9 años que me dice “Las novelas las prefiero sin ilustración porque así puedo imaginarlo todo aunque hay algunos libros con ilustraciones que también me ayudan a imaginar” Regresé sintiendo que la clase me la dieron las personas que con voluntad y entusiasmo procuran estas instancias, las profesoras que ahí hacen patria, el gentil señor que traslada gente día a día por ese sinuoso camino. Esos niños curiosos y las sabias palabras de Raquel que me tienen aún pensando sobre “esa” ilustración que ayuda a imaginar y tiene verdadero sentido y pertinencia.